Tamara Berríos: La ingeniera del futuro eléctrico en América Latina

Su visión transformó a Chile en referente mundial de electromovilidad y cambió para siempre el rumbo del transporte latinoamericano.

En 2014, mientras Santiago seguía rugiendo a diésel y el olor a petróleo era parte de su identidad urbana, una ingeniera chilena decidió apostar por el silencio. Tamara Berríos, country manager de BYD Chile, creyó en algo que entonces parecía impensable: un país movido por electricidad, no por combustibles fósiles.

En ese tiempo, la palabra electromovilidad sonaba a ciencia ficción. No existía infraestructura de carga, los buses eléctricos eran vistos como rarezas de laboratorio, y la idea de importar tecnología china despertaba más sospechas que entusiasmo. “Todos me decían que estaba loca”, recuerda hoy entre risas. “Pero no estaba vendiendo buses. Estaba proponiendo un nuevo modo de pensar el transporte.”

Diez años después, el tiempo la absolvió. Santiago se convirtió en la ciudad con la segunda flota eléctrica más grande del mundo —más de 3.000 buses circulando, casi la mitad del transporte público metropolitano— y Chile en un referente global de movilidad sostenible. Y detrás de ese cambio estructural, silencioso y persistente, está la mente obstinada de Tamara Berríos, una mujer que nunca esperó permiso para redibujar la historia.

El origen de una revolución eléctrica

Berríos llegó a BYD casi por accidente. Un correo electrónico, una invitación escueta, y una intuición que la llevó a aceptar un desafío en el que pocos creían. Ingeniera en Transporte por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y magíster en Desarrollo Urbano por la Universidad Católica, Tamara venía del mundo público y la consultoría, con tres décadas de experiencia en movilidad y planificación urbana.

“Cuando le conté a mis colegas que iba a trabajar con una empresa china que fabricaba buses eléctricos, se rieron. Pero yo veía la posibilidad de aprender de una empresa que ya pensaba veinte años adelante.”

Los primeros años fueron, en sus palabras, “de pura fe y matemática”. Cuatro años sin ventas. Solo convicción. Para abrir el mercado, comprendió que no bastaba con traer buses: había que cambiar las ecuaciones de costos, alianzas y mentalidades. Así fue como tendió un puente con Chilectra (hoy Enel X), actor energético que se convertiría en su aliado decisivo y Metbus, que se atrevió a adoptar la electromovilidad. 

“Sabíamos que el bus eléctrico costaba más al inicio, pero necesitábamos demostrar que, en operación, era mucho más barato. Y así fue: el costo de mantenimiento y energía resultó ser una cuarta parte del diésel. Ese dato cambió la historia.”

Con esa evidencia, los discursos se transformaron en cifras, y las cifras, en política pública.

Cuando el futuro llegó a Santiago

En 2018, la apuesta se volvió visible. Cien buses eléctricos BYD llegaron a Santiago, la primera flota masiva de América Latina. Aquel amanecer marcó un punto de inflexión: por primera vez, el transporte público de una capital latinoamericana se movía sin humo, sin ruido, sin petróleo.

A partir de ahí, el cambio fue exponencial. Hoy circulan más de 3.000 buses eléctricos, casi el 50 % de la flota de la ciudad. El modelo chileno —diseñado por Berríos y su equipo— fue replicado en Bogotá y São Paulo. Y lo más importante: derribó el prejuicio sobre la tecnología china.

“BYD creyó en nosotros cuando nadie más lo hizo. Éramos tres personas, y muchos decían que BYD Chile era solo ‘la Tamara’. Pero no me importó. Porque sabía que una vez que los primeros buses empezaran a rodar, ya no habría marcha atrás.”

Y tenía razón.

El cambio tecnológico se normalizó. Lo que antes era una curiosidad es ahora el nuevo estándar. “El verdadero logro —dice Tamara— no es tener buses eléctricos. Es haber hecho que lo eléctrico dejara de parecer extraño. En treinta años, nadie recordará que los buses fueron a diésel.”

Más que buses: la nueva arquitectura de la movilidad

El éxito de Berríos se explica por su capacidad de ver el sistema completo. Ella comprendió que la electromovilidad no es un negocio de transporte: es un negocio de energía, tecnología y confianza.

Desde 2014, BYD Chile ha expandido su operación a taxis eléctricos, camiones de reparto, automóviles de pasajeros y soluciones de almacenamiento energético. Hoy la empresa está construyendo en el norte del país sistemas de respaldo con baterías de litio para plantas solares —un paso clave para estabilizar la red eléctrica y avanzar hacia un modelo de descarbonización real.

“Lo que hicimos fue cambiar la conversación. Ya no hablamos solo de vehículos: hablamos de ecosistemas. BYD es una empresa tecnológica que une energía, movilidad y datos en una sola experiencia.”

Esa visión se refleja en cada innovación de la marca: la Blade Battery, considerada la batería más segura del mundo; la ePlatform 3.0, que ofrece autonomías de hasta 600 kilómetros por carga; y la tecnología Cell-to-Body, que integra la batería al chasis, reduciendo peso y aumentando estabilidad.

Pronto llegará la siguiente frontera: Flash Charging, que permitirá recargar 400 km de autonomía en solo cinco minutos. 

Romper el techo —y el molde

En una industria tradicionalmente dominada por hombres, Tamara Berríos ha tenido que romper más de una barrera. “El sector automotriz y del transporte es profundamente masculino. En Chile, no hay mujeres liderando marcas de autos. BYD fue diferente”. 

Su liderazgo se impuso por resultados. Convirtió un proyecto marginal en un modelo exportable. Pasó de ser una oficina de tres personas a dirigir una operación regional admirada por el sector. “No busqué ser símbolo de nada —dice—. Solo hice mi trabajo. Pero si mi historia sirve para abrir espacio a otras mujeres, bienvenido sea.”

La nueva frontera: energía y propósito

BYD es hoy la compañía número uno en ventas de vehículos eléctricos e híbridos del planeta, con más de 4 millones de unidades vendidas en 2024 y un crecimiento interanual del 30 %. Pero para Berríos, el reto real no es la cantidad: es el propósito.

En Chile, lidera proyectos pioneros de almacenamiento energético y electrificación minera. Su meta es clara: llevar la transición más allá de las capitales. “La descarbonización no puede ser un privilegio urbano. Tiene que llegar al norte solar, al sur forestal, a la periferia. Porque ahí también se respira el futuro.”

Cada avance tiene detrás una red de alianzas: gobiernos, utilities, startups y universidades. La misma estrategia que comenzó con Chilectra ahora se replica en Brasil y Argentina, donde BYD abrió nuevas plantas para ensamblar autos y baterías.

El legado: normalizar lo extraordinario

Cuando se le pregunta cuál es su mayor orgullo, Tamara no duda: “Haber derrocado una tecnología que reinó por muchos años. El diésel fue el rey demasiado tiempo. Ya no lo será más.”

Su mirada no es romántica, es estratégica. Sabe que la electromovilidad no es una moda verde, sino una ventaja competitiva: reduce costos, mejora eficiencia y proyecta liderazgo. “Competimos contra los combustibles fósiles, y estamos ganando”, dice con esa mezcla de calma y desafío que define a los pioneros.

Para ella, el próximo paso es psicológico: “Hay que dejar de pensar que el futuro es un evento que viene. El futuro ya está aquí. Solo que algunos todavía no lo ven.”

Y deja una frase final, contundente, casi como una advertencia amable:

“La electromovilidad no está en duda. Si usted no sabe, infórmese. Dudar hoy no es prudencia: es desinformación”.

La era del silencio

Cuando cae la tarde sobre Santiago y un bus BYD pasa sin ruido por la Alameda, nadie levanta la vista. Y esa es precisamente la victoria. Lo que alguna vez fue innovación, hoy es rutina. Lo extraordinario se volvió normal.

Tamara Berríos no solo trajo tecnología: trajo una forma distinta de pensar. Construyó un modelo que une energía, transporte, género, industria y propósito. Reescribió el guion de una era.

Porque las revoluciones más profundas no siempre rugen: a veces avanzan en silencio, conectadas a un cable, cargando el futuro kilovatio a kilovatio.

Y allí, entre el rumor leve de los motores eléctricos y el aire limpio que empieza a regresar, se escucha la voz de una arquitecta que creyó que los sueños también podían enchufarse.

El futuro no rugirá. El futuro se desliza. Y, en América Latina, tiene nombre de mujer.

Fuente: Forbes Chile
Comunicaciones Facultad de Ingeniería PUCV


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